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Viaje a Siberia: Sexto día

Miércoles 10 de agosto: Camino de NazarovoComo todos los días, el autobus nos recogió a las 10 de la mañana, íbamos hacia Nazarovo, nuestra segunda residencia en Siberia.No podían faltar nuestros amigos en la despedida, ni una misteriosa mujer que nos entregó una bolsa llena de caramelos y chocolatinas para endulzar nuestro viaje (y que desde aquí quiero agradecer encarecidamente)Salíamos de Krasnoyarsk bastante tristes, nada sería como hasta ahora, perderíamos las reuniones en la cocina y no podríamos reirnos hasta las tantas de la noche... podíamos decir que llegábamos a la parte seria de nuestro viaje: seríamos alojados en una residencia de reposo que, según vimos en Internet, se trataba de "un geriátrico".Apenas habíamos dormido y podíamos aprovechar el viaje para echar una siestecita.
En el estudio de Alexey Snetkov
Al poco tiempo de partir el autobús hizo una parada. Desconocíamos dónde nos dirigíamos (como casi siempre) pero tampoco nos importaba, jamás nos defraudaron. Subimos unas escaleras, llegamos a una sala con aspecto de aula docente, o sala de conferencias, y nos presentaron a Alexey Snetkov que nos quería hacer unas fotos. Nos arreglamos como pudimos (es decir, nada) y pusimos nuestra mejor sonrisa. Aquí está la prueba:Debimos portarnos muy bien porque nos premiaron con un café y dulces.Mientras nosotros estábamos en el estudio del fotógrafo, Serguey y Dima fueron a recoger los cuadros que se mostrarían en el Museo Municipal de Nazarovo, y los cargaron en el coche, en el poquito sitio que quedaba. La verdad es que, como íbamos dormidos, no estorbaban demasiado.La segunda parada fue en el estudio de Serguey, tenía que recoger unos tubos de cartón para que no se estropearan las acuarelas que compraron Isabel y Gloria. Mientras él buscaba los tubos nosotras nos paseábamos entre los puestos de frutaYa teníamos todos los temas resueltos y podíamos salir, ahora sí, hacia Nazarovo.La carretera discurría en paralelo con las vías del Transiberiano. Lo sabemos porque nos lo dijeron pero no llegamos a ver ni las vías ni el tren.A mitad del camino hicimos una pequeña parada para aquellos que quisieran tomar algo o comprar "recuerdos" realizados en madera de abedul.Yo estuve observando (y fotografiando, claro) las flores, eran gigantescas aunque no se pueda observar en las fotos. Esta dalia podía medir entre 20 y 25 cm de diámetro.Parece ser que hicimos otra parada en una gasolinera pero yo no la recuerdo...Al fin, después de tres horas de viaje, llegamos a Nazarovo. Lo primero fue entregar los cuadros en el Museo y descubrir el elefantito que sostiene la antena de la T.V.Saludamos a la directora del Museo antes de llevar las maletas al Hotel.Cualquier momento es bueno para una entrevista... en este caso la televisión local estaba esperando unas palabras de Serguey.Con los cuadros dejados en el Museo era hora de dejar las maletas en el Hotel y comer "algo" pues, hasta ahora, sólo habíamos comido algunas de las chocolatinas que nos habían regalado.La llegada al Hotel fue bastante deprimente, nadie nos había avisado de qué podíamos encontrar y llamar a aquello "Hotel" era sobrevalorarlo. Jamás nadie había dicho que se tratara de un hotel, sólo que iríamos a otro sitio donde tendríamos más libertad que en la casa de reposo propuesta en primera instancia.No nos atrevíamos a subir la escalera temiendo lo que pudiéramos ver despuésPero lo primero que notamos era olor a limpio, a recién pintado. Los baños eran nuevos (hasta el punto de que los grifos de las duchas estaban aún sin instalar) La cocina, inmensa, estaba en proceso de montaje porque contaban con que comeríamos siempre fuera y no la tendríamos que usar. Estaba claro que aquello, que debieron ser oficinas en otro tiempo, lo habían "reciclado" por y para nosotros pero con vistas a usarlo como albergue juvenil.Los dormitorios... bueno, aquí os muestro dos ejemplos: el de Isabel y el de Gloria y mío.En Krasnoyarsk, a Emma y Jonás les había tocado la "suite", ahora le tocaba a Isabel (y a José, que tenía otra igual) ¿cuándo nos iba a tocar a Gloria y a mí?... ¡como no fuera en el Hotel de Moscú...!No podíamos hacer nada que no fuera colgar la ropa en los armarios y prepararnos para ir a comer (debían ser las cuatro de la tarde, más o menos) Nos estaban esperando en el Museo con una "comida-merienda-cena"... pues a esas horas y con este estado de ánimo, no sabíamos qué era lo que íbamos a hacer. Ni siquiera podíamos ducharnos...Habíamos dejado nuestro apartamento de lujo en "casa de diseño". Dormíamos en el salón pero eso sólo significaba que teníamos el mayor dormitorio de la casa. Habíamos perdido nuestras reuniones de cocina y guerras de pijamas... Ya nada sería igual, el viaje a Siberia había acabado... lo que quedaba era puro trámite, inaugurar la exposición y pasar los días como pudiéramos.................. ¡NO SABÍAMOS LO QUE NOS ESTABA ESPERANDO!Emma tampoco lo sabía cuando se cobijó en mis brazos a llorar, creía que no iba a ser capaz de soportar aquello.Pasamos por un banco para cambiar moneda. Le tuve que prestar mi pasaporte a Isabel pues había dejado el suyo en... "casa". El cambio fue muy bueno, por encima de 41 rublos por euro (cuando en el aeropuerto nos habían dado 37 rublos por euro)Volvimos al Museo y vimos las obras dispuestas en el suelo para estudiar la mejor ubicación de los cuadros, así como una pancarta (no sé si es el nombre más adecuado) que se colgaría en el exterior.Mi cuadro se encontraba en el centro de la pared frontal y parece que esto no gustaba a todo el mundo pues con los colores tan vivos entristecía cualquier obra que se pusiera a su lado. Yo no tengo problemas de "divismo" y desplacé mi obra hacia el extremo de la sala, junto a la ventana. Cuando lo vió Serguey, que era el responsable del montaje de la exposición, dijo que no que ese cuadro iba en el centro... y allí quedó.En el fondo de la sala habían dispuesto unas mesas con viandas y pasamos a comerYa, con mejor ánimo, salimos a dar una vuelta mientras avanzaban los trabajos de colgar la exposición.Dimos una vuelta por los alrededores del MuseoLegamos a la cantina, con idea de cenar, cuando ya estaban fregando los suelos... Había poco donde elegir y nos servimos lo que pudimos. La verdad es que ese día me alimenté, prácticamente, a base de las chocolatinas que nos regalaron en la salida de Krasnoyarsk.En un local, que estaba al lado de la cantina, vendían pan y pasteles. Isabel nos dijo que iría por la mañana para comprar una tarta pues era su cumpleaños.Cuando volvimos a casa, a eso de las 20 horas, vimos que nos habían instalado un frigorífico en la salita que estaba junto al despacho del director, donde teníamos el calentador de agua y las bolsitas de té, azúcar y tazas.