Viaje a Siberia: Décimo día (tercera parte)
La comida en un balneario en Novonikolaievka junto al lago.Antes de llegar al lago pasamos por una tienda "de todo", cuando íbamos a entrar nos sorprendió una joven entregándonos unas pinturas en seda y montadas en "paspartous". Después de entregadas y sin darnos tiempo apenas de agradecérselo, deapareció. Os enseño la mía (el trabajo iba dedicado por detrás).Las casa que se ven en la primera foto son alojamientos de los veraneantes. En la segunda foto se puede ver el lago con unas montañas al fondo, en esas de la izquierda están los grabados prehistóricos.Como ya resultaba habitual, fuimos entrevistados para la T.V. local.Tienda de artesanía local.Después de la comida Dima nos dijo que "nos querían entrevistar de modo informal". Yo, que soy muy espabilada para estos menesteres, enseguida comprendí que los periodistas, que todavía estaban pululando por allí, querían hablar con nosotras (digo nosotras porque los chicos se habían ido a pintar). Mi respuesta fue que nos pusieran unos "cafecitos" en la mesa y "largábamos" todo lo que hiciera falta. El tiempo pasaba, los periodistas seguían por allí, pero nadie hablaba con nosotras (ni nos ponían el café, tampoco) Aunque preguntábamos "quién y cuándo" no obteníamos respuestas. Pasado mucho tiempo se nos acercó un hombre en "bermudas" y camisa. Comenzó a hablar con nosotras en ruso (claro). Dima lo "chapurreó" en inglés y Gloria lo tradujo al español. La conversación versó sobre nuestra estancia en Siberia, si estábamos a gusto, cómo lo estábamos pasando y cosas similares. Se despidió de nosotras y se marchó. Anduvimos bastante despistadas hasta que vimos su foto en un libro que nos regalaron: Era el Alcalde del lugar.Lo triste del caso es que no tenemos ni una foto del momento. Sabemos que nuestro cámara grabó la conversación como parte de la película que estaba haciendo sobre nuestra estancia en Siberia... pero no sabemos cómo conseguir esa película...A Isabel le apeteció pintar una acuarela y yo le acompañé (como era habitual nuestro cámara lo inmortalizó).Ya no recuerdo el momento, creo que fue después de la comida en el balneario, cuando nos mostraron un tercer menhir. Este mereció menos explicaciones y lo único que yo saqué en claro fue que se había partido por la mitad (por una caida) y lo habían tenido que pegar.Llegó el momento de volver a casa y, aunque esta vez era muy tarde, aún tuvimos ganas de parar a ver la luna...