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Viaje a Siberia - Segundo día

Sábado 6 de agosto: llegada a Krasnoyarsk Viajamos en dos compañías distintas. Gloria y Emma compraron su billete en S7 y los nuestros se compraron en “Atlan.......”. Después de 15 horas de viaje, aterrizamos en Krasnoyarsk a las 7:30 hora siberiana.En el aeropuerto de Domodedobo habíamos facturado los cuatro juntos (José, Emma, Jonás y yo) parece ser que los resguardos de las maletas los tenían Jonás pero en su billete no aparecía. Yo no le di mayor importancia pues no sabía que en el aeropuerto nos iban a pedir esos resguardos para poder sacar las maletas. Cuando comprobé mi billete vi que era yo la que llevaba todos los resguardos.Gloria y Emma habían llegado un poco antes... Por eso la alegría de Jonás y Emma al reencontrarse.Aeropuerto Internacional de Yemelyanovo, situado al noroeste de Krasnoyarsk, es uno de los aeródromos más importantes de Siberia. A 37 km.de Krasnoyarsk.En la terminal estaba Jana, una encantadora jovencita que haría las veces de traductora durante nuestra estancia en Krasnoyarsk.Nos alojaron en un apartamento propiedad de Valentina, dueña también de la única Galería de Arte privada que existe en Krasnoyarsk. En la foto: Valentina, su marido Igor (atrás) y Serguey En las casas rusas (y en muchos otros países del norte de Europa) es costumbre dejar los zapatos a la entrada de la casa, para ello se tiene un mueble con estantes para guardarlos, como se puede ver en la foto, los zapatos estaba según caían...Lo primero, imprescindible, era tomarnos un café... Por fin estábamos, los seis españoles, reunidos en nuestra casa siberiana.El día de ayer había sido agotador pues se juntó con el de hoy sin un sueñecito reparador.Vista de la ciudad desde la terraza del cuarto de José.Se juntan en una sola imagen las dos construcciones de la ciudad. Las edificaciones modernas sobesalen por encima de la típica casa de madera. Antiguamente toda la ciudad era así pero un incendio la devastó. Ya quedan muy pocas casa de este tipo pero junto a nuestra casa había varias.El primer acto oficial se produjo a las diez de la mañana, unos periodistas hicieron un reportaje fotográfico de los nuevos habitantes de la ciudad. Este reportaje se emitió por TV y en pocas horas éramos conocidos por muchas de las personas que se cruzaran en nuestro camino. "Habían llegado a la ciudad unos pintores españoles".Vistas de la ciudad de Krasnoyarsk: Realizamos nuestra primera comida en una cantina previamente contratada para todos los días que pasáramos allí. Era un “self service” y Jana nos acompañaba para intentar explicarnos lo que contenía cada plato. Lo más típico que he visto durante estos días son los “rellenos de carne”. Hojas de repollo rellenas de carne picada; algo similar a los rollitos primavera, rellenos de la misma carne; pimientos rellenos con… sí, con la misma; crepes rellenos… Según lo cuento es lógico pensar que no me gustaban esas carnes de los rellenos… pues así era, la carne estaba recocida, seca y a mí me gusta la carne poco hecha, sangrante. Me pasé a los pescados, todos muy frescos, de los ríos y lagos de la región y de una piscifactoría. Sala de exposiciones en la Asociación de Pintores de Krasnoyarsk: Después de la comida teníamos que ir a la sala de exposiciones para ayudar en el montaje. Al lado de la sala de exposiciones había una Iglesia Ortodoxa (lógicamente, ahora resulta de lo más normal pero al principio nos llamaba la atención) El primer problema, para entrar a visitar la Iglesia, era llevar la cabeza cubierta y yo no tenía ningún pañuelo. No recuerdo cómo logré superar este escollo, supongo que Gloria me dejaría alguno de sus fulares. Cuando llegamos, dispuestos a trabajar en la sala, la exposición estaba prácticamente montada. Se habían colgado los cuadros demasiado bajos para nuestro gusto. Isabel lo comentó… y ahí quedó la cosa, parece ser que a nadie le preocupaba la altura de las obras (ni nuestro criterio) y, si les preocupaba, esa altura era buena. Era el primer día y no lo podíamos comenzar con discusiones. Visto que no podíamos hacer nada en esa sala y como José tenía que hablar con el director, fuimos a su despacho. El sistema de traducciones no era sencillo por eso nos enteramos de pocas cosas de las habladas: Del ruso al alemán y del alemán al español. Nuestra traductora fue Jana. Conversaciones y negociaciones... José Ocón charlando con:- Sergej Anufriev - Presidente de la asociación- Sergej Forostovskij - Vicepresidente de la asociación- Jana Kukoverova - Asistenta-traductora Mientras ellos hablaban Gloria hizo amistad con Julia, compañera de Jana, que hablaba en inglés. No sé cual era el papel de Julia pero parecía parte esencial en la comitiva. Después de hacernos esta foto a la salida de la Asociación, regresamos a casa. Lo más importante era hacer compra para la cena y los próximos desayunos, aquello era sencillo para cuatro mujeres que, aunque no sepan hablar en ruso, dominan perfectamente el lenguaje de gestos. Lo primero era localizar un “supermercado”… ¡manos a la obra!Al pasar por el restaurante de la mañana, Jana había recogido comida para la cena: “panecillos rellenos” (de carne claro, algo parecido a nuestras empanadillas pero con aspecto de mediasnoches), repollo relleno (de carne, claro), ensaladas y un montón más de comida… hasta tres bolsas.Ya nos habían dicho donde encontrar una tienda de comestibles (que no era “supermercado”) y hacia ella nos dirigimos con una corta lista de la compra: tomates que huelan a huerto, para José; leche de soja, para Gloria; yogures, para mí; los demás comerían lo que ya había en casa para cenar.Así memorizamos la dirección (por si nos perdíamos)La tienda no estaba lejos lo difícil fue identificarla como tal; desde fuera podía parecer tienda de cualquier cosa, bar e, incluso, taller de reparaciones. Entramos muy decididas a llevar a cabo nuestra intrépida misión. Era una nave alargada con un gran mostrador en U; el de la izquierda mediría 5 m, el del frente unos 2 m y a la derecha 3 m y la puerta de entrada. Había varias mujeres para despachar y un solo cliente comprando. Lo primero fue identificar dónde estaban los tomates y la frutería en general, hacia allí nos dirigimos todas juntas como una sola mujer. En el suelo, en cuclillas detrás del mostrador, había dos señoras que parecía que estuvieran haciendo “inventario”, preferimos no molestarlas y nos dirigimos hacia la cuarta señora, que no hacía nada y estaba en el mostrador de la derecha: “queremos tomates (“tomatoes”) - ¿hizo algún gesto?... creo que no… Vuelta a repetir: “tomatoes” y señalábamos el mostrador donde se encontraban. Parece que ya nos había comprendido y nos dirigimos al otro mostrador……….. Pero ¿dónde estaba? No nos había seguido, estaba otra vez junto al pan… Volvíamos a la carga “Que queremos comprar tomates, de aquellos rojos” y ella señalaba en la misma dirección y se acercaba hacia el otro mostrador, hablaba con las señoras de cuclillas y se iba… ¡vuelta atrás! No llegaba hasta los dichosos tomates y nos señalaba hacia las dos mujeres del suelo, sí, ya sabíamos que había dos mujeres allí pero ella podía pasar a su lado, no parecía que les fuera a incomodar su presencia (¡digo yo!) Al final llegamos a una conclusión lógica: nos quería decir que unade esas mujeres sabía hablar inglés. Nosotras esperábamos y esperábamos… y seguíamos esperando pero se limitaban a mirarnos de vez en cuando. Allí nadie hablaba nada que no fuera ruso.¿Quién se dio cuenta de que los mostradores tenían una sola dueña? Los tomates sólo los podía despachar la señora “del suelo” (que ya nos había visto dar mil vueltas por la tienda pero no le había preocupado en absoluto) El pan se despachaba por la señora que intentó hablar con nosotras y, en el lado de la izquierda había dos mostradores, uno con los frigoríficos de pescados secos y carnes y el otro mostrador para los lácteos y fiambres. Ahora era necesario acertar con la persona que despachaba lo que tú querías.El siguiente tema era “leche de soja”… ¿quién se atreve?“Leche, queremos leche no de vaca, sino de soja. Parece sencillo ¿verdad? Ahora hay que ponerlo en ruso: “Malako de soya”; ni el más mínimo gesto. Señalábamos un brick de leche y decíamos –“Malako, no de “muuuu” sino de soya”. El muuuuu iba acompañado de dos deditos en la frente a modo de cuernos. Por mucho que les mugiéramos… allí no conocían ninguna leche que no fuera de vaca, ninguna leche vegetal. ¡Vamos por los yogures! Ahora sí que queríamos que fuera de muuuu, yogures de vaca. Gloria pretendía explicar que esos yogures eran para otra persona, otra que sí consumía alimentos animales… Le hice desistir, mejor era no volver a la tienda que pretender que entendieran eso… Isabel vio “Aktimia”…………. ¡esos! Qué sencillo resultó esta vez… Salimos de la tienda “meándonos de risa” (y no es metafórico). Volvimos a casa con nuestra pequeña bolsa de la compra y dispuestas a buscar, en otro supermercado, la leche de soja.No estábamos dispuestas a darnos por vencidas tan pronto. Esa ciudad tendría más supermercados y nosotras los localizaríamos e investigaríamos hasta encontrar la leche de soja. Volvimos a casa, dejamos la pequeña compra, y salimos en busca de nuestro objetivo: “Productos veganos”.A la vuelta de nuestro edificio había una tienda: -“¿Tienen leche de soja?” “¿vegetable malako?” -“Niet”. Enfrente había otra tienda: “¿Vegetable malako?” -“Niet” era siempre la respuesta. -“¿Supermarket?” – Alguna estaba todavía lo suficientemente despierta como para comprender que “por la calle ancha que se encuentra a la derecha, pasados los jardines, se cruza una calle con tranvía y a la izquierda hay un supermercado”. ¡Allí estaba! Era grande, con autoservicio, podíamos leer todas las etiquetas… bueno, podríamos leer si entendiéramos algo, claro. Emma había aportado un listado de palabras y frases en ruso. Allí habíamos aprendido que la leche se llama “moloko” y la soja se dice “soya” (se dice pero no sirve de nada, no tienen ni idea de lo que es) Gloria buscó alimentos que le pudieran servir para los desayunos pues el resto del día lo pasaba con ensaladas y verduras.Isabel tuvo la osadía de hacer una foto al supermercado y se llevó una reprimenda en ruso. No llegamos a saber qué secretos se guardaban entre las latas pero… alguno sería ¡digo yo!De vuelta a casa, cruzadas las vías del tranvía, vimos la estatua monumental de… ese no era Lenin… ¡ya está, es el cuñado de Lenin!Muy cerca de esa estatua había una mujer dando de comer a las palomas, como nos llamó la atención y nos gustó su actitud, nos liamos a hacerle fotos como si de la Belén Esteban se tratara.Regresamos al hogar con nuestra compra y dispuestas a darnos un festín.Después de la cena descargamos LAS FOTOS… digo “las” porque descargamos todas: éramos seis personas, con seis cámaras y dos ordenadores. Allí comprendimos que después de 17 días no iba a ser fácil almacenar tanta información gráfica.Al llegar, por la mañana, habían distribuido los dormitorios: Emma y Jonás, como matrimonio que eran, tenían la suite; José, la habitación pequeña; Isabel, Gloria y yo teníamos un hermoso salón con dos sofás camas: el pequeño para Isabel y el grande para nosotras. Llevábamos muchas horas sin dormir y no sabíamos si nos adaptaríamos a nuestras nuevas camas.Gloria ha hecho comentarios que merecen estar en primer término. A partir de ahora añadiré los comentarios identificando a su propietaria.
Vista la descripción de la tienda, la cosa ya no parece fácil ¿verdad? Pues, en realidad, aun era peor.

La tienda en cuestión no tenía ninguna clase de escaparate, ningún rótulo con imágenes ilustrativas y, para colmo, la puerta de entrada daba a un zaguán de paredes blancas sin otra cosa más que una puerta a la derecha, también blanca y de madera. Aquella puerta no tenía un cristal que mostrara el interior; no tenía absolutamente nada más que un picaporte (o pomo, no recuerdo...). Aquella puerta era muy inquietante... No me gustaría tratar de meterme en la casa de nadie... Y menos después de haber visto a los policías con semejantes gorras (aun más inquietantes, si cabe)... ¡Yo salgo de aquí ahora mismo! Nos quedamos en la calle un instante, sin saber qué hacer, cuando llegó una pareja que atravesó la primera puerta. Corrí para ver si entraban y podía mirar al interior ¡Nunca antes hubiera hecho algo así! Pero esto solo sería una cosa más de aquellas que no había hecho nunca antes. Abrieron, entraron y pude entrever lo que había dentro.

¡Sí, era lo que buscábamos! Pero ahora venía lo peor.

Tengo que reconocer que yo perdí la paciencia viendo cómo nos miraban aquellas dos señoras sin dignarse a levantarse y ver qué queríamos. Hice ademán de salir muy digna pero alguna de mis compañeras de aventura me hizo parar y retomar el asunto.

Me sentía fatal porque se suponía que yo podía ayudar: hablaba un poco de inglés y sabía decir en ruso cosas como “me duele la cabeza” o “no llueve” (absolutamente inútiles...). Claro que también sabía saludar, dar las gracias y despedirme. Eso sí podía ser útil pero ¿y todo lo demás, lo de en medio?

Pues nada, sigamos.

Si no recuerdo mal abandonamos la misión de los tomates para intentar otra cosa. Creo que fue entonces cuando la emprendimos a mugidos. No vaya nadie a pensar que nos limitamos a intentarlo una o dos veces, no, lo intentamos muchas, muchas veces, completamente muertas de la risa, hasta que la señora, aparentemente iluminada por un rayo, nos enseñó un paquete que parecía querer decir que contenía leche de “no muuu”. Alegría generalizada, parabienes, sonrisas... de todo. Parecía que habíamos encontrado una leche vegetal. Lo que no pensamos en ese momento es que además de “muuuu” existen leches de “beee”, e incluso de “baaaa”. Pero eso se vería más tarde.

Contentas y satisfechas con nuestra adquisición, y aunque la señora quería cobrarnos ya mismo, intentamos algo nuevo: los yogures. Eso, como ya está contado, fue sencillo. Claro que lo que no se ha dicho es que Pili no quería yogures de ciruelas. Tuvimos nuestros más y nuestros menos con aquello hasta que comprendió que valían los demás sabores.

No sé cómo supimos que cada mujer atendía solo lo suyo pero creo que fue en este momento, cuando nos dieron la leche vegetal y los yogures y nos hicieron pagarlos aun sin haber terminado nuestras compras.

Lo intentamos con los tomates nuevamente, ya sabiendo a quién se los teníamos que pedir, y nos resignamos a señalarlos una y mil veces hasta que una de las mujeres accedió a levantarse y a tratar de comprendernos. La cosa era muy fácil, solo queríamos tomates, ya ni siquiera importaba cuántos nos dieran.

Pagamos los tomates y nos lanzamos hacia la primera señora que nos prestó un mínimo de atención al entrar en la tienda. Ahora estábamos decididas a comprar una barra de pan ¡menudo reto! El pan normalmente está compuesto de harina, agua, levadura y sal pero ahora se encuentran en el mercado panes supuestamente enriquecidos con sólidos lácteos (¡puaj!) y otros derivados de origen animal. ¿Cómo podíamos pedir un pan sin lácteos ni huevos? Está claro, emprendiéndola de nuevo a mugidos. Ni se nos ocurrió cacarear... La señora nos ofreció una barra con aspecto de pan de leche que aseguraba con gestos que no tenía “muuuu” por ninguna parte. Aunque Isabel y Emma estaban convencidas de que aquel pan tenía de todo lo prohibido yo quise confiar en ella y lo adquirimos.

Una vez todo pagado y entre risas, parloteos y aspavientos, caímos en la cuenta de que no habría leche para el desayuno de los no veganos... Ahora había que pedir leche, esta vez de las de “muuuu” de toda la vida. Fue entonces cuando para mí se hizo imprescindible que entendieran que queríamos esa leche pero que era para personas distintas de la que quería de la otra, es decir: “yo no muuuu, ella sí”. Fácil ¿no? Me parecía que debíamos darles una explicación a lo incomprensible. Y fue entonces cuando me disuadieron y la emprendieron de nuevo a mugidos, esta vez positivos: “sí muuuuu”. Conseguimos comprar todo eso, que nos llevó no sé cuantísimo tiempo, y salimos sin poder contener la hilaridad, ni otras cosas...


Al llegar a casa y depositar nuestras comprar sobre la mesa de la cocina observamos que el paquete de leche vegetal estaba abierto y colocado dentro de una bolsa de plástico. Yo no había reparado en eso... Cuando nos lo enseñaron para que leyéramos los ingredientes (¡¡ya ves tú!!) el paquete estaba perfectamente sellado. Bueno, ya da igual ¡cualquiera vuelve por allí! Por cierto, ya que está abierto ¿por qué no comprobamos de qué es? Cogí un pellizco y lo probé ¡¡esta leche es de algún bicho!! No supe distinguir entre muuu, beee o baaaa, pero estaba claro que era animal. Por eso volvimos a salir en busca de cualquier leche vegetal para mi desayuno. Yo había llevado 4 batidos de soja: con plátano, fresa, vainilla y chocolate, pero pensé que era mejor reservarlos para Nazarovo. Si en Krasnoyarsk, que era la capital, las cosas iban así no quería ni pensar en buscar nada de soja en un pueblito.

Pero ahí no acabó la cosa. Sacamos los yogures para guardarlos en el frigorífico y ¿qué creéis que encontramos entro los distintos sabores ¡pues un yogur de la mil y una veces rechazada ciruela! ¿Despiste o venganza? Nunca lo sabremos.

En cambio el pan, a pesar de su aspecto, era perfectamente vegano. Nos lo confirmó José que, después de sus muchas visitas a aquél país, es capaz de hablar un poco en ruso y leerlo un poco también. ¡Chachi! Al menos algo había conseguido.