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Rafael_vuelve_al_Prado

www.hoyesarte.com El Museo Nacional del Prado abre al público el próximo martes, 12 de junio, la que será la gran exposición del verano, una muestra que tendrá como protagonista la figura de Rafael de Urbino (1483-1520). Bajo el título El último Rafael, la pinacoteca madrileña se ocupará de revisar la importancia de la obra pictórica de este gran maestro, tildado por los grandes tratadistas y biógrafos (Alberti, Vasari, Poussin) como "pintor de pintores" y reverenciado a lo largo de siglos por discípulos y seguidores. Rafael_vuelve_al_Prado Artista polifacético, pintor y arquitecto, su obra trascendió la propia voluntad creadora para colocarla en un rico entramado de política cultural como fue la Roma del Cinquecento. Los encargos de comerciantes y, sobre todo, la vinculación directa con el papado de Julio II y León X desde su llegada a Roma en 1508, hicieron del pintor de Urbino un hombre prestigioso y respetado. Un reconocimiento que, desde luego, acabó colocando al mito por encima del hombre. Por todo ello y a pesar de ser un artista muy estudiado, Rafael sigue fascinando a los amantes de la pintura. Con él quedó ennoblecido el ideal clásico, definitivamente absorbido por la Roma católica mediante un calculado aparato político y social que en pocos años originó la controversia del Barroco, donde abiertamente los artistas se posicionaron como partidarios o detractores del maestro de Urbino; sin duda, su pintura (clara, proporcionada y acorde a las leyes de la perspectiva) estableció un nuevo orden a la hora de representar los acontecimientos dramáticos, algo que se hizo especialmente evidente en sus composiciones de temática sagrada. Ya desde el principio su arte (inscrito, no olvidemos, en un contexto lleno de matices y discutibles lecturas como fue el Renacimiento clásico) mereció el calificativo de "perfecto" por tratarse de un arte que respondía a los dictados estéticos de la época, por ser un arte que parecía más que vivo tal y como dejaba escrito Giorgio Vasari en sus Vite : "las pinturas de Rafael se puede decir que están vivas: porque tiembla la carne, se ve el espíritu, se inflaman los sentidos ante sus figuras, en las que se reconoce la realidad más viva".